LA TERCERA BARRERA AL ESTUDIO: Todo se convierte en una clara sensación de estar en blanco después de que no se entendió o se entendió mal.

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      La tercera barrera, y la más importante, la denominó la palabra malentendida, y planteó esta pregunta como explicación parcial: ¿Hemos leído alguna vez hasta el final de una página sólo para darnos cuenta de que no podíamos recordar lo que acabábamos de leer? Ahí es donde se encuentran los fenómenos de la palabra malentendida; todo se convierte en una clara sensación de estar en blanco después de una palabra que no se entendió o se entendió mal. Por el contrario, cuando la palabra que causa problemas se localiza y se define, todo se aclara mágicamente. Pero en cualquier caso, invariablemente se encontrará una palabra malentendida o no definida, justo antes de esa “clara sensación de estar en blanco o sensación de agotamiento”.

      El asunto es mucho más crítico de lo que se podría deducir de inmediato, y de las tres barreras, es la palabra malentendida la que más influye en las relaciones humanas, la mente y la comprensión. Ciertamente, es la palabra malentendida la que establece la aptitud o la falta de ella y, francamente, “es lo que los psicólogos han estado tratando de analizar durante años sin reconocer lo que era”. Esto produce un amplio panorama de efectos mentales, y es el factor primordial que se relaciona con la estupidez. También determina si uno en realidad puede ejecutar la habilidad que ha aprendido, y a qué grado de competencia.

      Además de la palabra malentendida per se, L. Ronald Hubbard distingue adicionalmente la palabra que no se ha definido o la palabra que no se ha comprendido. Ni tampoco, señala con cierto énfasis, la palabra problemática es siempre oscura o altamente técnica. Por el contrario, muy a menudo es el simple artículo, la preposición o la conjunción, lo que el estudiante falla en comprender, y ese fallo está extendido y es insidioso. En efecto, series de tests subsecuentes revelaron que aun los graduados universitarios eran incapaces de definir elementos tan fundamentales del idioma como: un, el, en y a. Al mismo tiempo, como resultado de esto se produce lo que Ronald describe en otro lugar como “pequeñas incomodidades” con el lenguaje y de esta manera, las incapacidades para apreciar los matices de significado encarnados en las palabras... Los que, oración por oración, párrafo por párrafo pueden, en efecto, conducirle a uno a una interpretación equivocada de secuencias de ideas enteras.

      De hecho, las ramificaciones son inmensas, ya que al mencionar la palabra malentendida, uno en realidad está hablando del problema de donde brota, y que es el causante de todas las incapacidades. Sin el malentendido, uno podría o no poseer talento, pero la capacidad de llevar a cabo una destreza, permanecería sin inhibirse. Por el contrario, a un malentendido en cualquier campo le sigue la inhabilidad de actuar en ese campo, lo que, como L. Ronald Hubbard señala, explica al estudiante locuaz y aparentemente brillante que se gradúa con honores, pero sin habilidades demostrables.

      Precisamente la manera en que la palabra malentendida inhibe la comprensión, y de esta forma la habilidad, es un tema fascinante y afecta tanto a la esencia de la lingüística como a la totalidad de los procesos de aprendizaje humanos: cómo comprendemos las palabras, cómo traducimos las palabras a ideas, y cómo incluso un solo malentendido puede desviar de su curso todo un flujo de ideas. Parte integrante del asunto es la declaración de L. Ronald Hubbard referente a la comprensión conceptual de las palabras, es decir: como conceptos simbolizados. De esta forma la lectura se convierte, no en un asunto de pronunciar correctamente las palabras, sino de adquirir una comprensión clara y verdadera del significado que expresan esas palabras. Como veremos, la palabra malentendida afecta nuestra percepción de una materia, nuestra afinidad por ella, y hasta nuestra antipatía y nuestra agresividad hacia aquello que no se entiende... como en (y esto no es ninguna exageración) una raza, cultura o sistema político diferentes. En consecuencia, también, es la palabra malentendida la que por último conduce al abandono del estudio y (para que no se olvide la lección) a una tasa de deserción del treinta al cincuenta por ciento que es una plaga en tantas escuelas norteamericanas.

LA TERCERA BARRERA AL ESTUDIO, La palabra malentendida

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